Cabina de viento en convenciones y fiestas de empresa
En un evento interno no hay que captar a nadie: ya están todos dentro. Eso cambia por completo cómo se usa la cabina y qué se mete a volar. Tres formatos que funcionan y uno que sale mal casi siempre.
Qué cambia respecto a una feria
En una feria la cabina es un imán: su trabajo es parar a desconocidos. En una convención o una cena de empresa, todo el mundo está ya sentado y el objetivo es otro: crear un momento del que se hable al día siguiente.
Eso tiene dos consecuencias prácticas. La primera es que no necesitas cola continua durante seis horas: necesitas concentrar la actividad en un momento concreto. La segunda es que el premio ya no sirve para llevar a nadie a caja, así que puede ser mucho más emocional.
Tres formatos que funcionan
1. Premio final de un concurso interno
Durante la convención se juega a algo —un cuestionario, un reto por equipos, los resultados del trimestre— y el ganador entra a la cabina delante de todos. Un minuto, con el resto de la sala gritando. Es, con diferencia, el formato que mejor resultado nos ha dado.
Dentro vuelan tarjetas regalo de valores mezclados. El detalle que lo hace funcionar: que se vea desde la sala qué está atrapando. Si el premio es opaco, se pierde la mitad del momento.
2. Turno para todos, en el cóctel
La cabina montada en la zona de cóctel, con turnos cortos y cola libre. No hay ganadores ni perdedores: todo el mundo entra un momento y sale con algo. Funciona bien en plantillas de menos de 150 personas, donde da tiempo a que pasen casi todos.
Aquí el contenido puede ser más barato: vales para la barra, entradas de cine, papeletas para el sorteo del final de la noche.
3. Reconocimiento con nombre y apellidos
El menos obvio y el que mejor recuerdo deja. En la cabina vuelan papeles escritos con agradecimientos concretos de compañeros: «gracias por cubrirme en agosto», «gracias por la ayuda con el cierre». Quien entra sale con un puñado de ellos y se los lee.
Escrito suena empalagoso y en la sala no lo es. Hay que prepararlo con antelación —recoger los mensajes semanas antes— y merece la pena.
El formato que sale mal
Poner dinero en efectivo para los empleados. Suena generoso y genera tres problemas: la gente compara lo que ha atrapado cada uno, quien pilla poco se lo toma a mal, y el momento pasa de ser una celebración a ser una comparación de nóminas. Si quieres dar dinero, dalo por nómina. La cabina es para lo otro.
Dónde montarla en un salón
- Cerca del escenario si es premio de concurso, para que el ganador no tenga que cruzar la sala entera y el momento no se enfríe.
- En la zona de cóctel si es de acceso libre, donde la gente está de pie y circulando.
- Nunca en un pasillo de servicio ni detrás de una columna. Parece obvio y es la ubicación que nos asignan una de cada tres veces.
- Ojo con el techo. En hoteles y salones con falsos techos bajos, los 2,40 m de la cabina más el margen de montaje pueden no caber. Mídelo antes.
Luz y sonido
En un salón oscuro la cabina luce como en ningún otro sitio: las tiras LED de los cantos dibujan el hexágono entero. Merece la pena fijar el color al de la marca corporativa y avisar al técnico de sala para que no la deje fuera del foco.
La turbina hace ruido, más o menos como un secador grande. En una sala con música puesta no molesta; durante una ponencia, sí. Coordina el horario de la activación con el programa.
Las fotos
En interno, el contenido no es para publicidad: es para la intranet, el boletín interno y el vídeo resumen del año. Pon a alguien a grabar desde fuera con el móvil en vertical. Los planos buenos son dos: la cara del que está dentro y la reacción de la sala. Nadie se acuerda de grabar el segundo, y es el que mejor funciona.
Si estás organizando la convención, cuéntanos la fecha y el sitio y te decimos si la cabina encaja en el salón. También miramos el plano si nos lo mandas.